La historia de la medicina es la
rama de la historia dedicada al estudio de los conocimientos y
prácticas médicas a lo largo del tiempo.
Desde sus orígenes, el ser humano ha tratado de explicarse la
realidad y los acontecimientos trascendentales que en ella tienen lugar como la vida,
la muerte o la enfermedad. Las primeras civilizaciones y
culturas humanas basaron su práctica médica en dos pilares aparentemente
opuestos: un empirismo primitivo y de carácter pragmático (aplicado
fundamentalmente al uso de hierbas o remedios obtenidos de la naturaleza) y una
medicina mágico-religiosa, que recurrió a los dioses para intentar
comprender lo inexplicable. Con Almenó de Crotona, en el año 500 a. C.,
se dio inicio a una etapa basada en la tekhne (‘técnica’),
definida por la convicción de que la enfermedad se originaba por una serie de
fenómenos naturales susceptibles de ser modificados o revertidos. Ese fue el
germen de la medicina moderna, aunque a lo largo de los siguientes dos milenios
surgirán otras muchas corrientes (mecanicismo, vitalismo...) y se
incorporarán modelos médicos procedentes de otras culturas con una larga
tradición médica, como la china.
A finales del siglo XIX, los médicos franceses Bernard y
Gubler resumían el papel de la medicina hasta ese momento: «Curar pocas veces,
aliviar a menudo, consolar siempre».
La medicina del siglo XX, impulsada por el desarrollo
científico y técnico, se fue consolidando como una disciplina más resolutiva,
aunque sin dejar de ser el fruto sinérgico de las prácticas médicas
experimentadas hasta ese momento: la medicina científica, basada en la
evidencia, se apoya en un paradigma fundamentalmente biologicista, pero admite
y propone un modelo de salud-enfermedad determinado por factores biológicos, psicológicos y socioculturales.
Mark Armand Ruffer (1859-1917), médico y arqueólogo británico,
definió la paleo patología como la ciencia de las enfermedades
que pueden ser demostradas en restos humanos de gran antigüedad.
Dentro de las patologías diagnosticadas en restos de seres humanos
datados en el Neolítico se incluyen anomalías congénitas como
la acondroplastia, enfermedades endocrinas (gigantismo, enanismo, acromegalia, gota), enfermedades degenerativas (artritis, espondilosis) e incluso algunos tumores (osteosarcomas), principalmente
identificados sobre restos óseos.
Entre los vestigios arqueológicos de los primeros Homo sapiens es raro encontrar individuos por
encima de los cincuenta años por lo que son escasas las evidencias de
enfermedades degenerativas o relacionadas con la edad.
Abundan, en cambio, los hallazgos relacionados con enfermedades o
procesos traumáticos, fruto de una vida al aire libre y en un entorno poco
domesticado.

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